Concepto de boicot y sus consecuencias



Estos días, debido al contexto político social en nuestro país, se ha puesto en boca de todos la palabra boicot, probablemente sin ser una mayoría de personas consciente de que, aun no habiendo hablado de ello previamente, los boicots se vienen practicando en el sector de la alimentación desde hace ya bastante tiempo, pero vestidos de conceptos o nomenclaturas más políticamente correctas.

 

Boicotear es impedir o interrumpir el desarrollo normal de un proceso o de un acto como medida de protesta o como medio de presión para conseguir algo. Productos como el aceite de palma o el azúcar se han visto inmersos recientemente en una campaña de demonización que les hace responsables de numerosos males. También lo ha sido y lo sigue siendo la leche de marca del distribuidor con una alusión manipulada que vincula un mejor precio a una menor calidad. Le ha pasado también al pescado…y podríamos continuar con muchos más productos porque en algún momento del año ya sea por problemas de precio, de producción o de origen siempre hay algún producto o alguna compañía boicoteada. Todos los años sin excepción.

 

No queremos aquí debatir perjuicios o beneficios de los alimentos pero una de las cuestiones que nos planteamos es si el ciudadano piensa en las consecuencias de los boicots. No hay datos fiables, al menos públicos, que nos cuantifiquen exactamente la caída del consumo de por ejemplo el aceite de palma, el indicio que tenemos es una caída de los precios en el origen. Lo mismo ocurre con el azúcar, en 5 meses, por ejemplo vimos cómo se depreciaba un 40% en los mercados internacionales.

 

Sí sabemos que la evolución demográfica contribuye a la caída en el consumo de leche y que además las campañas que cuestionan su calidad sin duda perjudican al producto.

 

Pero cuando la demanda de un producto cae normalmente la de otro sube. El contrapunto, en el caso del aceite de palma, es la mantequilla, que tras la publicación de varios estudios que alaban sus propiedades (no hace mucho tiempo que también era denostada, por cierto) la han convertido en la estrella de los mercados de commodities marcando cotizaciones históricas… La caída del consumo de leche ve su contrapunto en el incremento de la demanda de las bebidas vegetales, y así podríamos seguir con el resto.

 

El trasvase, por tanto, es obvio siempre lo ha sido pero ¿es realmente el trasvase lo que quiere el consumidor?

 

Hablando de boicot era inevitable en estos momentos hablar de los productos catalanes. Intentado hacer una reflexión más allá de lo escuchado o leído estos días en los medios, muchos productos que por definición son de origen catalán son, en parte, provenientes de otras regiones de España (porque su envasado o su elaboración lo conlleva). Cuando se plantea un boicot, ¿a quién hace más daño? ¿Y quién resulta realmente beneficiado por ello? Tal vez otros productos de otras comunidades autónomas o quizá, en mundo globalizado con mercados tan abiertos es posible que hayan “salido ganando” otros países vecinos a los que en su día también se boicotearon…

 

En el día a día las empresas se han visto avocadas a dar los datos de sus compras a los diferentes territorios, pero hay una diferencia entre el CIF de una empresa, su sede y sus fábricas.

 

Detrás de cada producto, detrás de cada empresa, hay muchos empleos y ciudadanos, no deberíamos “boicotear a la ligera” porque en la mayoría de los casos desconocemos lo que boicoteamos.