Bienvenida Nieves Álvarez



Estimados lectores;

 

Cada vez son más los movimientos de diferente tipo que impactan tanto en el modelo productivo de la alimentación como en la decisión de los consumidores.

 

No siempre se facilita toda la información en cuanto a cuál es el impacto real de los cambios propuestos o si influyen o no en la calidad del producto. Muchas veces esto genera confusión en el consumidor, pudiendo éste tener dudas acerca de la calidad y la seguridad alimentaria o simplemente pagando más por un producto pensando que es mejor, cuando en realidad no es así.

 

Los movimientos, sean de la ideología que sean, son legítimos y respetables pero han de ser transparentes, cuando menos igual de transparentes que las empresas y facilitar toda la información tanto al consumidor como a la Administración. Crear confusión o presionar a las compañías para que se tomen decisiones que no tienen una correlación directa con calidad del producto debe ser analizado y reprobado.

 

En este número queremos hablar de la polémica surgida en torno a la venta de huevos de gallinas enjauladas. Dejar de vender estos huevos responde a la demanda de una ideología y la presión del grupo que la representa, pero no a una demanda real del consumidor o a una cuestión de calidad del producto. Planteamos una vez más la necesidad de hacer un debate serio y riguroso sobre cuestiones alimentarias. En este caso estimados lectores, aunque la presión la reciba una empresa de distribución, deseamos poner de manifiesto la necesidad de hablar con quienes más saben de su producto; los productores, nuestros proveedores y si no escuchemos a los investigadores, a los estudiosos de ese sistema de producción. Con esta intención hemos invitado en esta ocasión a un ponente cualificado en esta materia para nuestro artículo de opinión y como es habitual les facilitaremos datos de nuestro negocio.